carruselearon

lunes, enero 12, 2009

EL BICIPOLLO

Existen muchos trabajos ingratos, y en determinadas situaciones me lleva a reflexionar, porque motivo una persona desempeña cierta labor, bajo condiciones desfavorables; tanto para el bolsillo como para la integridad física del individuo.


Una noche mientras comprábamos pollo asado (Elote, mi hermano) y el tipo que escribe; observamos una extraña manera de repartir alimentos. Un loquito iba trepado a una bicicleta y mientras fumaba, hacía equilibrio para no soltar los pedidos que llevaba en el manubrio. Sobre la izquierda una pizza que se zangoloteaba desde la punta del piolín que la sujetaba. En la mano derecha dos pollos con papas fritas dentro de una bolsa. Pedaleaba con dificultad, ya que estaba preocupado para que la caja de la pizza se mantuviese derecha.


El primer impulso pudo lograrlo pisoteando sobre el cordón de la vereda; cuyo envión lo llevó a situarse en el medio de la calle.


Detrás venían dos autos que le hicieron un finito, uno de cada lado. El guasito no se inmutó; mucho menos cuando otros vehículos frenaron bruscamente, lo foguearon con señas de luces, lo putearon y en zig-zag lo pasaron por los flancos...él seguía pedaleando, coquetéandole a la muerte y entregado a la faena de mantener la pizza derechita.


De pronto aparece un colectivo de la línea N5 y lo acecha acelerando entre relámpagos de luces. Cuando miró por arriba de su hombro, escupió el faso como si fuera una bengala, y puso en acción su instinto de supervivencia tomando como primera medida velocidad, mucha velocidad; a esta altura la caja flameaba lo mismo que un banderín sobre el manubrio; y el contrapeso de las bolsas lo obligaba a pedalear con más energía, quizás los 60km/h que había logrado, no eran suficientes contra los 80km/h que se dibujaban en la cara del chofer del colectivo.


Los instantes que siguieron fueron aún mas veloces, igual que un portal de "La Matrix" saltó arriba de la vereda y giró en la esquina desapareciendo. El ómnibus parecía un ovni, era una bola de luz rodando por calle Martín García.


Nosotros nos quedamos imaginando el momento de la entrega del pedido, y al repartidor: agitado, bañado en sudor y el pecho de la remera llena de bichitos estrellados por la velocidad.


Señora: te doy un vaso de agua, hijo? hace mucho calor, no?


Repartidor: no doña, esta bien, lo que pasa es que vengo rápido para que no se enfríe.


Señora: ¡muchas gracias!


Repartidor: ¡ah! le aviso para que no se enoje, se me movió un cachito la caja, pero la pizza está calentita.


Señora: no te preocupes corazón, que más de correrse un poquito el queso, no pudo haber pasado.